martes, 28 de septiembre de 2010

Crítica teatral. Obra: "Memoria al fuego"

Memoria al fuego disparado

“Memoria al fuego” es una obra teatral dramática, donde los personajes hablan de amor, esperanza, trabajo, traición y el asesinato. La compañía Nina Chiara, encargada del espectáculo, lleva a las tablas un trabajo lleno de matices, colores, interpretaciones y música en vivo. Reencarnando la historia de Latinoamérica, llega a la memoria de todo espectador y causa la emoción.
            Siendo este el tercer montaje de la compañía Nina Chiara, “Memoria al fuego” es un espectáculo que se desarrolla sólo con el lenguaje físico, corporal de los actores. Pero es acompañado por la música en vivo, que marca la pauta de los momentos fuertes o suaves de la historia. Es un hilo conductor de la temática, que trata la imposición de la fuerza sobre otro grupo de personas. La obra parte con una premonición de un chamán Maya, que predice la esclavitud de los hombres y la futura tristeza del Dios sol. Esta idea, se puede tomar y recrear en cualquier país de Latinoamérica que haya vivido una dictadura, tal cual como fue en Chile.  He ahí su peso temático, que no pasa indiferente en nuestras aulas teatrales, ya que es un buen recordatorio para quien no quiera olvidar.
            Las actuaciones de los siete personajes son claras y fluidas. Se nota que ya es la tercera vez que presentan el espectáculo. Se ven cómodos actuando. La vestimenta bien define el papel de cada uno: la abuela, la nieta que vende libros o los que trabajan en la imprenta. La utilización de máscaras en esta obra, es un recurso positivo. Da la sensación de que fueran más de siete en escena. En el montaje, ese especie de biombo que hay atrás, en donde van pasando los personajes de la feria, el curadito, el verdulero, los músicos pidiendo plata, es un acierto. Se juega muy bien con las dimensiones y perspectivas, como cuando enfocan el escritorio del gangster, pero desde arriba, dejando ver sólo sus pies y cabeza. Por último, los músicos que tiene el protagonismo, por ser la mitad de la obra, estaban muy esquinados en el teatro. Hay que darles más protagonismo, ponerlos en las escenas mismas y no tan arrinconados, iluminados por una luz tenue.
“Memoria a fuego” mezcla el lenguaje corporal de los actores y la intensidad de los momentos con la música en vivo. Es un espectáculo hecho para el espectador que quiere ir a observar y escuchar una propuesta nueva. Con una temática profunda, un desenlace algo conocido en nuestra historia, la obra teatral llega a los corazones y a la memoria de todas las personas en la sala.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Crítica teatral. Obra: "Hijo de pobre"


La obra de teatro “Hijo de pobre” es un espectáculo que apela a un reencuentro con la magia y la niñez de los espectadores.  El montaje se adecuó para los actores como para las marionetas, permitiendo una fluidez en la actuación de todos los personajes. La obra cumple con la función de entretener, sorprender y renovar la experiencia de ir al teatro a ver algo nuevo.
“Hijo de pobre” es una obra teatral que utiliza un recurso algo olvidado en los escenarios del país. Es una propuesta interesante, atractiva a los ojos del espectador, que al entrar al teatro, sólo ve  dos personajes en escena.  Al momento de prender las luces y ver que son dos actores y tres marionetas, el espectáculo toma otro carácter: el de ver a pequeñas personas de medio metro, reencarnando dolores, pensamientos, frustraciones y sueños. La dinámica que existe entre el actor y la marioneta, es clara. Cada actor está vestido con la ropa de la marioneta, por lo tanto no se oculta a quien anima a estos pequeños personajes. Lo que sí dificultó esta dinámica, fueron los momentos en que el actor se desligaba de la marioneta para entrar en escena. A estos momentos, es faltó sutileza. Quizás tomarse medio segundo más, para salir y entrar en los respectivos personajes.
            La escenografía fue un acierto para el desarrollo de la historia. Cada lugar fue utilizado en su totalidad, creando espacios nuevos a lo largo del cuento. Partiendo por la casa con techo de lata, donde dormían dos marionetas en una sola cama. También la pequeña rampa que se interpretaba como un cerro, y luego es abierta para dar a conocer una mesa, en donde una de las marionetas alegaba, ebria, por la pérdida de un bien (la vaca) relevante para uno de los personajes. Para ser espacios tan pequeños, los actores como las marionetas supieron aprovechar todo el espacio, dando más de una dimensión a un mismo recurso. Sin embargo, en algunos momentos, los actores se vieron incómodos maniobrando los muñecos. A pesar de lo bien que se ocupó el espacio, falta un poco de soltura y más sincronización, para no dejar ver la incomodidad del momento.
La obra teatral “Hijo de pobre” es un espectáculo entretenido para la vista, tanto como para adultos como para niños. Sorprender ver a los marionetas recreando penas humanas, maldiciendo o tomándose la cabeza mientras dicen algo. Sorprende desde el minuto en que entran a escena. Sin duda es algo nuevo que hay que desarrollar con más profesionalismo en el teatro chileno, que en cada espectáculo se busca una propuesta nueva.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Pisco Elqui

18 de septiembre de 2010

200 años y miren este cielo.

Gracias Sol, Dios, Universo, Energía o qué habrá reglado algo tan  hermoso.

Chile es único y con creces.

SCOUT

Me figuraba con la jose y el pipo, semi-brorrachos, bajo el cielo único del Valle de Pisco Elqui para el 18, cantando la promesa scout y empinando la botella dice:

Siempre mi promesa
he de cumplir
(honor)
honor, lealtad y pureza,
hasta morir.
(¡yo quiero!)

Yo quiero amarte si cesar
Oh buen señor
Protege mi promesa
De explorador

(¡la ley!)

La Ley y la buena acción
son para mi,
lo más sagrado y por mi honor,
las prometí.

Yo quiero amarte si cesar
Oh buen señor
Protege mi promesa
De explorador

(¡Jesús¡)

Jesús, hermano mayor,
Rey y Señor,
seré si Tú me ayudas
un modelo scout.

Yo quiero amarte si cesar
Oh buen señor
Protege mi promesa
De explorador

Increíble mil recuerdos

miércoles, 22 de septiembre de 2010

JAJAMBO

Si se pudiera comparar a Nancho Ahumada con alguien, sería con Caupolicán. Es igual a un indio mapuche, de cara ancha y tosca, quemada por el sol del Valle de Pisco Elqui. Mide casi dos metros de altura. Viste con chupalla, jeans y una polera negra sin mangas. Uno de sus brazos, son tres de los míos. Parado en la entrada de su camping Río Mágico, recibe y saluda a todos con una sonrisa blanca y un apretón de mano que duele.
"Qué gusto verte amigo" me dijo a penas me vio. Salió de la recepción y caminó con las manos juntas hacia un grupo de 6 viajeros que llegaron justo después de mí. "Qué gusto de verlos amigos" les dijo e hizo el gesto como de abrazar a todos juntos. Los viajeros se ríen, sin importar los bolsos, cajas, instrumentos, bolsas y ese color rojo que cargan en las mejillas por caminar bajo el sol del Valle.
Todos se registraron en el libro: nombre completo, rut, hora de llegada, día, año, mes y firma. Nancho cerró el libro de un portazo. Soledad, la niña que trabaja en la recepción recibió la orden: "Negra, llévate a estos cabros que son más, bajo el sauce. Vo sígueme" me dijo. Me llevó a un lugar con sombra, con mesa y banca, al lado del río. "Tú vay a traer más gente" me preguntó y respondí que sí. "Amigo nos vemos" nos dimos el respectivo apretón de manos y Nancho Ahumada se fue a seguir su trabajo.
Mi grupo ya se había reunido. Estábamos todos en "la playa" echados de espalda, viendo las estrellas. Uno corre. Desde arriba del cerro, en el "mágico pub", se escuchaba la música y se veía la luz del fogón. Subimos y nos recibió Nancho.  La hora de trabajo se acabó mis amigos, pasen, hay chorrillanas, cerveza, vino y todo" nos dijo y entramos a un quincho redondo y de adobe, con ventanales e iluminado con cientos de velas. En el lugar, había una moto estacionada. Era una locación perfecta para una película.
Nancho se sentó con nosotros, habló fuerte y raspado, pedía su comida. "Mujeres, traigan una chorrillana" y las niñas se demoraron el tiempo inmediato en responder. Nancho se paró de la mesa, fue a la cocina, se demoró un minuto y llegó de regresó a la mesa con una fuente de chorrillanas que desapareció en 10 minutos. Se volvió a parar, hizo el mismo recorrido, pero llegó con cinco cervezas de litro y dos pitos gigantescos. Abrió las botellas, prendió los porros y ambas cosas corrieron en círculo. 
Había más gente en el lugar, y compartió con todos un poco. Quizás con nosotros más, por que llegamos primeros. En el quincho ya estaba todo el mundo cocido como tetera. También Nancho, que figuraba sobre su moto, con una cerveza de litro que bajó en seis o siete tragos, vestido igual que en el día. Al bajar de la moto, se cayó literalmente de hocico. Se paró de inmediato, subió su cerveza, sonrió con sangre entre los diente y gritó la palabra salud. Se tomó la cerveza hasta acabarla. Sacó rizas, aplausos y más de un silencio de los que pensaron que Nancho estaba borracho.
Bruto, se armo camino hacia la salida, tiró lejos un par de silla. "Voy hacer la fogata" dijo y antes de salir gritó "¡Hoy día soy Jajambo! ¡YAJÚ!" Cuando ya tenía prendida la fogata con una buena llama, tomó un tronco de 100 kilo y lo tiró al fuego. Volvió hacer lo mismo con otro tronco. Igual que las polillas, toda la gente se reunió en torno al fuego. Llegaron los tambores, la guitarra, los didjeridu, melódicas, panderos y las flautas que cuando Nancho empezó a escuchar, volvió a gritar "Soy Jajambo" mientras bailaba,  zapateaba el piso y levantaba las manos como si llevara un pañuelo.
Se acabaron las cervezas, se abrieron los vinos y Jajambo ya no tenía rostro. Los ojos no los abría, se le caían las botellas de la mano. Prendía un pucho y se lo robaban uno tras otro. Ya no modulaba. A la fogata llegaron tres guasitos tan ebrios como él. Gritaron su nombre "¡Nancho!" Y a Nancho se le abrieron los ojos, tomó el último trago de su brebaje, pidió el pucho más cercano y se acercó sin el equilibrio del ebrio. "Qué buscan" les dijo fuerte y claro. "Queremos copete" dijo uno de los tres. "No tengo" les respondió. "Puta que te poní weón Nancho" dijo el que le pedía. Fue la última frase del guasito, porque Nancho le pegó un solo cornete en la cara, hacia abajo, aprovechando su porte y peso. Este se quedó donde cayó. "Por la chucha, no me confundai con ese weón, qué wea te pasa weón" le gritó a los dos guasitos que tomaron a su amigo inconciente y corrieron.
Ahí la música paró, algunas niñas se asustaron y se fueron de la fogata y toda la onda se cortó. "Pero no se vayan, sigamos tocando, si hay de todo, por qué se van" preguntaba Jajambo, tranquilo y con un tono suave, mientras juntaba las palmas, como rezando.
Cuando el grupo se redujo, las guitarras y los panderos ya no sonaban y un solo un yembe seguía un ritmo, nos dimos cuenta que éramos pocos. Jajambo estaba hipnotizado con la fogata. Los ojos grandes y cafés no pestañaban. Estaba quieto, inmóvil, con las manos en los bolsillos. Callado. Una de sus manos buscó algo. Sacó un puñado de billetes, unas doscientas lucas que tiró al fuego. "Si esta wevada no me da lo que quiero, entonces qué wevada me la da" dijo, enredando las palabras. "¡Qué wea!" gritó, subió a su camioneta Chevrolet, blanca, y arrancó levantando una nube de polvo.

martes, 14 de septiembre de 2010

rechazo


Me gusta escribir. Es lo único que hago. Por lo mismo, lo voy hacer contigo, ya que lo he hecho muchas veces y con harta gente.
Recién. Ahora. Tú estás en tu casa carreteando. Yo llamé a Vicente para saber qué iba hacer. Él me dijo que iba a la casa de jaiva. Yo dije "ya po bkn , vamos". Él me dijo que iba a llamar y preguntar porque no cachaba la escena. Ahí me pareció extraño.
Luego me llamó y me dijo que "no hay mano". O sea, que no me querías en tu casa.
Me pregunté ¿por qué? Que yo sepa, no tengo ningún drama contigo. No he halado mal de ti y no sé qué has dicho de mí.
Por favor, Javier, si tienes algo que decirme, es el momento.
Estuve súper mal, no sé cuánto tiempo, pero hoy me siento como antes, como me recuerdas: fuerte, alegre, decidido, amigable, apañador, chistoso, como siempre he sido. Estoy bien.
De hecho, volví a tener lo que tenía con mis amigos de toda la vida (10 o 12 años de amistad: Vicente y Willie). No es lo mismo, pero cuando me saludan, me abrazan, me acarician mi cabeza y me dan un beso en la mejilla. Eso es un buen signo.
Creo saber más de lo que quiero. O sea, sabes lo que pasó conmigo y la feña (pq estabas ahí) y yo sé todo lo que pasó contigo y la feña, aunque no estuve ahí. Por qué, ni preguntes. He aprendido varias cosas, dentro de esas, es que la verdad siempre sale a la luz y eso no es nuevo. Suerte por ti, porque de mi boca ya no salió nada. No es mi asunto, sino tuyo.
Me da un poco de pena no poder entrar a tu casa. En fin, cuando haga un carrete en la mía, eres bienvenido porque no guardo rencor con nadie, de nada, ni conmigo, porque ya sané.
Con tu acto doy por hecho que ya no me quieres cerca. Te deseo toda tu suerte, porque la vas a necesitar. El día en que quieras conversar y sanarte, ya sabes donde vivo y como llegar.
Francisco, no pancho, no pelado, ni gordito, sino FRANCISCO.

Ese es el último inbox que le mandé a una persona, porque no me quería en su casa.
Me gusta que esto no lo lea mucha gente, sino, quedaría la pura...
Pero por lo mismo, me voy a explayar sobre el tema como nunca antes lo había hecho. 


uff
1 hora después...

- para qué - yo

domingo, 12 de septiembre de 2010

11 de Septiembre de 1973

No viví el golpe militar. No soy de derecha ni de izquierda. Señores políticos: ESO YA NO FUNCIONA  PARA LA CIUDADANÍA ACTUAL.

No acepto, y nadie debería, el asesinato. Pinochet nunca pidió disculpas. "No se mueve una hoja sin que yo lo sepa" su frase lo delató. Si fue católico, pobre. Me imagino el primer encuentro con Lucifer.

Ayer, en el 8 piso, en el depa del chino, hicimos un asado. Vive en La Reina con vista a Peñalolén. Era como estar viendo una peli, la ciudad nublada, oscura. Pero de pronto, una luz iluminaba las calles como si fuera un flash gigantesco. Recorriendo la ciudad, retratando los momentos que quizás nadie quiera vivir. Bengalas, nubes de humo que suben al cielo. Uno que otro disparo se escucha. Ambulancias, sirenas.

Hace años que el panorama no era tan tranquilo. En el 90 o en el año 2000,  no me dejaban salir de la  casa.

Hoy es 12 de septiembre del 2010 y llueve. Día frío. Perfecto para un luto de película, dentro de un casa con poca luz, un par de velas y el ataúd en medio del living. 4 o 5 personas quietas en sus asientos, incómodas pero comprometidas, velan al muerto. La viuda, de negro, con velo, guates y un pañuelo negro  para secar las lágrimas negras sobre un ataúd sin cuerpo.

Me es imposible NO imaginare el día siguiente al golpe, las calles  vacías, muertas. Una que otra persona que no camina, ni trota, sino que corre a su destino. Todo cerrado por la incertidumbre que vuela en el aire polvoriento, húmedo de la capital santiaguina.

Familias enteras reunidas en sus casas, en silencio. Vista perdida. Manos juntas. Todos iguales. Hombre y mujer, grandes y chicos. Todos pensaron que el cine era más hostil, mostrando imágenes de las guerras en occidente. La realidad siempre va ser más cruda.

Nací en el último cuarto de la dictadura, gobierno militar, como quieran decirles, a mí me da igual. Me quedo con los hechos y con la historia también.

El día en que otro gobierno salga a matar gente, la sangre misma de las venas de un cuerpo llamado Estado, que viole el honor llamado patria, yo seré uno de los primeros en pintarme la cara como Guevara, tomar a mis comensales, homólogos idealistas, activista, para salir a la calle a matar antes de que me maten a mí o a mi familia.

Antes, no.

Me gustaría saber qué piensa mi generación.

Quieren saber qué piensa la juventud.

La juventud piensa esto.