Es inevitable no hablarte este domingo. Recuerdo el último día que te vi, después de darte la mano, salí de la pieza con una sensación distinta. Yo fui a verte y a despedirme. "Me voy de viaje, me vengo a despedir por si me pasa algo, te quiero mucho y nos vemos a la vuelta" fueron mis palabras. "Chao pancho, que estí bien" me dijiste, frío, mientras sostenías mi mano que trataba de ejercer la misma presión que la tuya. Tras esa voz ronca y el reflejo de la luz de tus lentes, te quedaste fijo, serio. Me lo dijiste como si no fueras mi tío, sino dos hombres despidiéndose de formas distintas, pero confirmando el mismo fin: el cariño y el amor. Así y todo, me diste un respuesta, confirmaste una forma de llevar una parte de mi vida, sólo para estar bien. Es inevitable no pensar en ti y que se me llenen los ojos de lágrimas como ahora. Gracias tío.
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