Fue extraño porque sentí que no estaba preparado. Aunque depende, la mayoría no lo está. Perder a mis padres fue algo sorpresivo, sobrellevó los sentimientos de libertad hacia las lágrimas y el regocijo casi autista. No quería saber nada de nadie y todo se devolvía con un grito, mientras, entre mis brazos estrujaba a mi oso Juampo. Mi padre lo puso en la cuna antes de que naciera.
Imposible, ellos iban a estar toda mi vida, y ahora estoy solo, realmente solo. Los rostros pasan, unos más cercanos que otros, pero inexplicablemente ya nadie vale nada. El despecho ha borrado todo signo de amistad y amor. Qué injusto. Eso era antes, cuando podía pensar así, chico, inmaduro. Las cosas dejaron de ser justas o injustas. A pesar de todo, y a la vez de nada, las cosas simplemente son y yo debo trabajar para que sean de bien. Ahora que he despertado, quizás estoy más preparado para todo lo que viene.
¿¿qué pasó??
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