UFF. Y de verdad, no espero vivir nada parecido. QUIZÁS. Exagero, pero todo partió con una teja rota. Es sábado y andaba herido. Después de una debida celebración de mi año nuevo, no podía salir a mambear y soltar la talla con los amigos y amigas. Así que, me quedé en casa.
Peli, pucho, chela, pipeich, bajón, todo OK. Hasta, que escuché romperse una teja de la casa de al lado. Nos separa una escuálida muralla de 2 metros de alto, no más. Di un salto de mi cama y salí a escuchar. Había dos personas dentro de la casa que desde el viernes estaba vacía. Escuché cómo susurraban. Uno de los dos dijo "ya". Afirmó él y yo. ¡Estaban robando la casa de mi vecino!
Uno desencajó una ventana y la alarma empezó a sonar. Arrancaron los muy hijos de puta. Y yo, detrás de la muralla, fumando un pucho nervioso, cargando un machete en la otra mano. En un minuto pensé que saltarían la baranda y entrarían a mi casa. WUA!
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