Mostrando entradas con la etiqueta copiloto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta copiloto. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de junio de 2010

sin título


El plan era: tomar los dos autos, el corsa pick up de mi hermano Matías y el peugeot de una amiga de él. Ir a la oficina, cargar una moto, llevarla al taller y devolvernos a la casa y quedar chinos.

Íbamos bajando por Colón, tomando la curva que está antes de Vespucio. Mi  hermano iba adelante. Justo en la curva que se cierra a la derecha y luego se abre para mostrar la avenida, veo que el peugeot  se cruza de su pista a la tercera, brutamente, y se da un trompo quedando en medio de Colón. Una viejita en otro auto lo chocó por el costado de copiloto, en la rueda. 

Una imagen antes. Al ver el auto girarse, pensé que iba a seguir de largo, pasándose a la pista contraria, justo, cuando lo pescaría otro auto de subida.

Pero no, mi error fue más huevón. Frené casi al mismo tiempo que él y me giré de la misma forma, sólo que a mí nadie  me chocó. No. ¿Qué onda? Un show sincronizado. No cachaba por qué. Qué pasó.

El factor agua en la calle y ahuevonamiento nos jugaron en contra. 

Estacioné el corsa a un costado, me bajé, me acerqué al auto y le pregunté a mi hermano "¿Estay bien huevón?" Blanco me dijo que sí, moviendo la cabeza. Miré el peugeot de frente y tenía las dos ruedas para adentro. Se miraban. ¡Ya wn pico con la huevada! decía  Matías. 

Estacionamos el auto en un edificio que está justo en frente de la escena y ahí lo dejamos. Había que cumplir la misión 1 y volver a la 2, un nuevo problema: auto ajeno, la dueña no sabe porque está fuera de país y todo un royo que se solucionó muy fácil. 

Llegamos a la Oficina, cargamos una moto en el pick up y la llevamos a un taller. La bajamos. Nos subimos al auto y le corsa culiao no partía. ¡Qué huevaa! Matías pateaba la perra. A mí me da risa.

Me bajé a empujar y prendió. Una. Seguimos, subimos y cuando íbamos llegando a Vicuña Mackenna el  auto se apaga. De nuevo, me bajo, empujo y prende. Dos. Llegando a vespucio. Tres. Pero esta vez, el tubo de escape vomitó unos truenos y relámpagos que no había escuchado antes.
.
Se baja y empuja, lo prendo. Cuatro. Andando en tercera, avanzábamos a 40. Llegando a Flandes, frente a la casa de mis abuelos, se apaga. Muere. No tiene pulso, ni sonido. No hace contacto. Está muero.

Lo estacionamos en la entrada de la casa de los tatas. Tocamos el timbre y salió mi primo tato. Abrimos el capó y  no podía ser más obvio. Después de esto uno aprende, pero en el minuto no cachaba ni una de autos, ni mantenimientos ni kilometrajes y del sapito y todo eso que es tener un auto. Sólo sabía que ese olor era a quemado. 

Mi primo dice "esta huevada huele a quemado wn". "¡NOOOOOOOOOOO! ¡OH!  "Este huevón es grande" pensé.

¡¿Salimos en dos autos y llegamos a pata a la casa?! Línea para la resta, catastro de pérdida, costos. Quemamos el corsa. No tenía aceite y líquido refrigerante.

El auto no era mío, pero algunas veces lo ocupaba. Huevones idiotas, pendejos con un juguete, nunca revisamos niveles, ni lo llevamos a la revisión técnica. Lo ocupábamos no más.

El Peugeot se fue al seguro y listo, pero el corsa no, se fue a un taller. El mecánico dijo “nunca había visto algo como esto, mira ven a ver” y me mostraba una pasta negra que tenía en los dedos. “Esto es el aceite de tu auto” dijo. 

El asunto El auto no murió, sino que lo matamos. Ni pan ni agua. Las cuatro veces que prendimos el auto, cada vez que el auto escupía eso sonidos, cada vez que partía lo hacíamos cagar. El motor explotó. Tuvimos que enderezarlo con una prensa industrial. 300 luquitas.