Ayer llegué tarde a mi casa (3 a .m). Mi padre me estaba asechando. Me esperaba. Metí la llave en la chapa de la reja. Abrí. Cerré. Luego busqué la llave triangular y la metí en la chapa de la puerta principal, pero esta se abrió solita.
Entro. Saludo a mi perro, Bayu. Le tomo el hocico y le beso su nariz mojada. Entro a mi pieza, prendo el interruptor de la luz pero la ampolleta está quemá de a qué tiempo. Las cortinas abiertas dejan entrar algo de luz. Veo todo. Me estoy sacando el montgomery que heredé de mi fallecido, queridísimo primo Francisco, cuando escucho el relámpago: "¡ESTAS SON HORAS DE LLEGAR EN LA SEMANA !" El grito despierta a toda la casa que está en silencio.
Se abre la puerta de mi pieza y ahí vamos otra vez. "¡QUÉ MIERDA TIENES EN LA CABEZA !" Un grito me pregunta. "¡RESPONDE!" Tomo aire y tiempo y con mi voz rasposa por el maldito cigarro le respondo calmo "una mujer". No pude haber tenido mejor respuesta. Él: "¡NO!¡ERES UN INMADURO Y NO TIENES CARÁCTER!" Me dice porque nota que estoy un poco tomado.
Él está parado en la puerta de mi pieza. Puedo distinguir su cara de enojo, la he visto toda mi vida. Un solo perfil, el que la poca luz dibuja. Estamos a tres pasos de distancia. Yo contesto a lo que pregunta. Aún sostengo el montgomery. Pero esto todavía no acaba. Se acerca hacía mí. Rápido. Yo dejo el abrigo en la cama y lo encaro en silencio. Me paro erguido frente a él que con sus manos agarra mi chaleco y me zamarrea, gritándome "¡CÓMO CHUCHA TE LO TENGO QUE DECIR!" Hasta que me suelta.
Está enojado porque no avisé. Tema que ya habíamos hablado varias veces.