Voy subiendo montaña arriba en un Peugeot verde musgo del 78. Vamos en una pendiente casi recta pero el auto sube igual y rápido. Pienso que en cualquier momento se vuelca. Lo olvido. Estoico me pongo el cinturón de seguridad. Confío. Maneja Ignacio, mi hermano mayor.
Lo miro y no despega la vista del frente. Va concentrado con esa seriedad que uno piensa que hasta puede estar enojado. Me mira una vez y se da cuanta que voy de copiloto. No dice nada. Veo su pelo negro, sus patillas crecidas en donde se esconde su lunar. Es su perfil derecho. Miro hacia adelante y sólo veo cielo y un montón de piedrecitas que van saltando por el avance feroz de las ruedas.
El auto da un salto y cae, por fin estoy paralelo al mar, pienso. Me voy a bajar porque quiero estirar las piernas, digo. Salgo y me doy cuenta que estoy en la punta de un cerro y lo único que veo de muy cerca son las nubes blancas que avanzan y la cordillera infinita.
Hay pasto bajo mis pies. De repente se acerca una persona, alguien que está a cargo del tránsito en el lugar. Viste esas chaquetas rojas con cintas amarillas reflectoras y ocupa un gorro. Nos dice que no podemos pasar al otro lado. Miro y veo un túnel. De él va saliendo una caravana de autos con sus luces prendidas.
A Ignacio le urgía pasar por ahí. No sé qué hay allá, pero tenía prisa en llegar. En fin, bajamos.
En el cruce de Av Ossa y Tobalaba, de norte a sur, en el costado derecho de la caótica vía hoy hay una plaza. Antes era un estacionamiento. Vamos pasando justo por el lado. El estacionamiento está lleno de los mismos autos que no nos dejaron pasar arriba.
Recuerdo que antes de bajar de la montaña, el tipo que controlaba el túnel nos dijo que tenía que registrar cada auto. Como en las aduanas.
La mayoría cargaba el cuerpo de una persona. Eran familias que traían a sus hijos, hermanos, mamás o abuelos. De dónde vienen. No entendía por qué iban allá, en búsqueda de los cuerpos. Pero entendí, eso haría cualquier familia. Al parecer fue una asaña, un logro. Se veían satisfechos, se abrazan con una sonrisa, mientras el cuerpo posaba sobre un pedazo de tela.
No hay comentarios:
Publicar un comentario