Quien en algún momento me acechó y zamarreó, hoy me invita a que lo escuche. Está indignado, dolido, ofendido. Me dio una vuelta más. Se tomó un par de semanas para lo que me dijo en media hora. Yo escuchaba.
"Tú dices que ya no eres un borracho. De hecho, no te has tomado ninguna copa en más de diez años pero sigues siendo un borracho" me dijo.
"Tú tienes una imagen de mí y así es, ahí está, con eso te quedas. Invariable. Y aunque tú me dices que yo soy así. Tú te quedas con eso y así seré siempre, aunque pasen diez años ¿Por qué? ¿Qué injusto cierto? Te das cuenta que es injusto para mí como para ti" me dijo.
De mi postura "madura", intrínseca con el mundo y los valores, yo, una torre, me di cuenta que sigo en pañales. Como no hacerlo ante una persona que tiene 3 veces lo que yo tengo de edad.
Nos dimos cuenta de que no nos conocemos. Aunque él me conoce más de lo que yo me conozco. Él me sudo ver como yo no me veía.
Quizás no exista el interés de conocernos, pero esa no es su función, su pega. Él está para que yo triunfe y no me falle, ni le falle a los míos. Eso es todo lo que le interesa.
Soy un egoísta y en verdad lo soy. No lo había visto. Ahora lo reconozco y no lo había hecho. Lo soy.
Tan pendejo soy que siempre me he equivocado, en mis relaciones, con mis hermanos, con él mismo y conmigo, de nuevo. ¿Por qué las cosas no me funcionan? ¿Por qué lo que quiero lo pierdo y sigo volviendo a cero?
Él me dio las respuestas.
Somos muchas cosas como ser humano, para él hay tres fundamentales: la razón (pensar tiene el control que no se debe perder), la emoción (que no tiene control y es pasajera) y la acción (que resume ambas en un hecho: actuar).
Si actúo sin emoción, son un hipócrita. Si la emoción guía mi actuar, las cosas no van a funcionar (simple impulso). La respuesta: ARMONÍA. Armonía que NO tengo. Armonía que tienen que tener estas tres funciones. Yo hago las tres al mismo y no defino nada. Cuando haya un equilibrio en las tres, estaré.
Es un triángulo. Esa figura mística que ha estado todas las civilizaciones. El triángulo de la sabiduría que en su completa distribución puedo alcanzar lo que quiero, la sabiduría, tranquilidad, mi actuar sincero a diario.
La razón no puede ser manejada por mis emociones, siempre tiene que prevalecer. Pensar ante toda circunstancia, me sobre pase emocionalmente o no, debo retenerme y pensar. Debo canalizar mis emociones, que por cierto siempre han sido más que yo. Cuando lo logre, actúo. Ahí se cierra el circuito.
"No tienes carácter" me dijo esa noche. No entendía. Yo pensaba que no me conocía. Pues no tengo carácter porque no puedo controlar mi emoción con mi razón. La emoción me embarga y yo salgo disparado, corriendo a lo que me tire ella. Dejo todo botado y es cierto, así lo he hecho y así lo hice esa noche en que me pesco, me asechó. No pienso, me pierdo, me ciego.
"¿Por qué no has podido llevar una relación y durar?" me peguntó. Yo pensé por qué chucha, qué te interesa a ti. Déjame eso a mí. No te metas. Simplemente.
"Por que sentía que ella no quería lo que yo y que estaba en otra, y que yo no quería eso y que yo no quería eso" respondí.
"Es que yo sentía que...deja de sólo sentir y piensa en lo que quieres con esa niña, si hubieses dejado de sentir y hubieses ocupado tu razón, habrías conseguido lo que buscabas. Hubieses actuado mejor de lo que lo hiciste, más cauto, paciente, pensando en lo que ella también quería de ti, o simplemente te hubieses dado cuenta de lo que quería ella, sin ti, por ejemplo" me dijo. Le encontré razón a eso. Atolondrado, embobado, ciego buscaba algo que quería, impaciente, sin pensar. Es cierto.
"¿Por qué estás solo, dónde están tus amigos de toda la vida, por qué ya no están?” me preguntó. Yo parado frente a él, primera vez que no podía mirarlo a los ojos, especialmente cuando él me decía que no lo hiciera con todo el mundo porque es como estar buscando algo detrás de lo que la gente dice. Bueno, no podía y quitaba la vista. Las lágrimas caían solas. Sentí culpa.
"Sientes rencor con ellos, y el rencor con el tiempo es odio, concentrado en una pelota en el pecho, sientes rencor, eres rencoroso y no te lo puedes quitar y sabes por qué, porque sigues solo, todos siguen sus vidas menos tú porque tienes rencor" me dijo. Y es cierto. No los quiero ver porque me siento dañado, pasado a llevar, no tomado en cuenta, dejado de lado, olvidado. Qué rabia, qué pena, es cierto, soy un rencoroso.
Me tengo que sacar el rencor, la mierda que tengo dentro. ¿Cómo? él me volvió a dar la respuesta. Es simple: decir las cosas, no guardarlas. Y en verdad yo tengo mucho guardado. Pero para hacerlo tengo que: ser claro, honesto y buscar una forma adecuada de decir las cosas. Tengo que tener en cuenta mis intereses, en este caso, no tener rencor, y tomar en cuenta sus derechos: respetarlos sin esperar nada a cambio.
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderEliminar