Cuando estoy solo en mi pieza, me da por bailar.
Cierro los ojos y me imagino a la orilla de la playa.
Mis pies descalzos comparten de a uno el piso.
Con la música, sobre el pasto mojado por el rocío, ya es todo el cuerpo.
Los brazos bailan distintos a las manos, palmas y dedos desbocados.
La cabeza rebota a su ritmo a-tiempo del sube y baja de los hombros.
Con el vaivén de la cadera, muevo todo el cuerpo hacia un trance infinito.
y por medio del trance rompes la realidad
ResponderEliminarque a fin de cuentas es sólo un baile con ritmo diferente