Pasarse un rollo, la peli, un drama, no es más que crear y querer las condiciones para vivir uno. Socialmente se denominan buenos o malos, mentalmente también. Todos bajo la verdad única del discernimiento propio. ¿Qué es malo para mí? ¿Qué no lo es? La respuesta es una para cada uno. O sea, es única.
Cuando chico, en el pasaje del Pillán, en la casa de al fondo, la casa de Carlitos, jugábamos actuando una historia en donde siempre me gustaba morir. Isabel, o la isita, hermana de Carlitos, obviamente debía correr por mi vida que escapaba de un cuerpo inertemente actuado sobre el piso. A los 8 o 9 años de edad, no lo sé bien.
Hasta hace poco tiempo dejé de hacerlo para no machacarme la cabeza con preguntas y suposiciones que no existían, cosas que aún no vivía ¿Para qué hacerlo? ¿Tiene algún sentido? No, no lo tiene. Por eso, dejé de pensar. Me hizo bien (hace).
En el fondo, es vivir tranquilo con lo que se tiene día a día, y aspirar de real manera a los proyectos del futuro por alcanzar. Suponer es perder el tiempo por que no hay claridad. Trabajar feliz a diario es aspirar a la grandeza propia, que finalmente se comparte entre la intimidad de los círculos.
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