sábado, 19 de junio de 2010

Cuento de Graffitti

Vicente, Leo, Pepe y yo estamos parados en las esquina de Bilbao con esa calle en donde está un súper Santa Isabel. Tagiamos las calles. Dejamos la firma en algún espacio monumental de la pared.

Alguien, no sé quién está rayando un Teléfono público. Con un chanco rerellenado las letras chorrean cualquier superficie. Yo con un témpera nuevo y un linterna.

Dándoles la espalda, saco mi silver spray y me dispongo a rayar la puerta de entrada.

Luz rojo baliza. Me giro en ciento ochenta y los veo bajar por Bilbao. Pasan la calle pero frenan. Retroceden contra el tránsito y se dan una vuelta en u. Se estacionan justo frente nosotros. Se abre la puerta. Uno de los cuatro dijo ¡corran! Leo. Yo me puse a correr. Todos lo hicimos.

El paco cierra la puerta, no se baja y el auto verde con blanco retrocede de nuevo contra el tránsito. Se mete por la calle. Van detrás de nosotros.

Corrí como el mejor delincuente. Miré hacia atrás, vi el auto que nos perseguía. En la carrera iba Leo primero, yo segundo, Vicente tercero y Pepe.

Di vuelta mi morral y saqué dos latas que tiré con adrenalina dentro de una casa. Cuando cayeron rompí un vidrio. El ruido me hizo pensar “a mí no me pillan nicagando". Si me pillan, mi viejo me raja a patadas en a raja.

Se me estaba acabando la cuadra. Doblé a la izquierda porque era mi banda y subí. Atrás, Pepe y Vicente  están boca al piso.

A tres cuatros de mi carrera , escucho un grito que nos dice "¡TÍRENSE AL PISO!". El mismo paco que no se bajó, ahora nos perseguía a pie. Miro hacía atrás y me fijo en dos cuerpos.  Somos tres corriendo y la carrera me figura primero, Leo y el paco empuñando con los brazos estirados su arma. Veo su cabeza inclinada a la derecha. Nos apunta.

Me pasé toda la peli. La penca de mi viejo. Después, la cana. En el colegio, el falso estigma de un mar de pendejos. En la casa, la burla de mis hermanos y toda una vaina familiar.

Doblé en la esquina y entré en aguas tranquilas. Nadie me perseguía. Dejé de corre. Caminé hasta la Shell, donde había una cuca estacionada. Pasé caminando justo al lado. Ni miraron.

Al mismo tiempo, Vicente y Pepe están de guata en el piso con las manos en la cabeza. El paco pisa la espalda de Pepe y el huevón se ríe. Qué manera de huevarlo en el colegio. ¡De qué te reí tu pendejo! le grita el paco. "De nada mi Capitán" responde Pepe (en volá). Huevón chistoso.

"¿Qué estaban haciendo? Los vi robando un teléfono público" les dijo el paco. ¿¡Qué huevada¡? Obvio que fue el Leo. El huevón más paqueado de la tierra no puede pasar piola rayando un teléfono público."Estábamos rayando" respondió Vicente. Les quitaron las latas, los huevaron un rato, los mandaron pa` la casa.


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