lunes, 21 de junio de 2010

Dualidad


Hay que ser muy valiente, como muy cobarde para suicidarse.

Lo digo porque todos en algún momento lo han pensado. Todos sí tienen la palabra, el concepto dentro de su vocabulario, de su cabeza. Existe, es real aunque no lo vivamos en carne propia. Y que en ese caso, sería solo por una vez.

Dos personas; cero conexión: Marciano y Max. 

Marciano tenía como... 40 años, era soltero, un perno grande, viejo, pelado, con panza y unos lentes del año 60. Pudo haber sido mi padre. Estudiaba historia en mi escuela. 
Max era joven. Hoy tendría 28 años. Actor, con un cierto atractivo, particular, sin duda cautivaba a un gran número de mujeres. 

Dos citas, una de cada uno. Dos citas que no olvidé, porque fue lo que me quedó de ellos. Sin relevancia. Sólo dos momentos.

"Yo estuve en la marina. Terminé mi primera carrera y me fui al campo a trabajar. Después me bajo la huevada y junté plata para pagarme esta huevada de carrera. En la marina, en un viaje al polo me caí al mar congelado, estuve a punto de morir pero mi capitán me tomó con un gancho y me subió al barco" me contaba Marciano con un tono medio burgués, con una mano en el bolsillo y la otra que movía  carreliando

"Una vez estaba aquí mismo (en su parcela de Laguna de Aculeo) y me tomé unos hongos. Cacha que veía puros duendes de colores riéndose por el patio. La huevada es que uno se me acercó y se rió en mi cara. Un duende negro se rió en mi cara y se fue y se perdió en esos arbustos" me contaba Max abrazándome con un brazo y con el otro apuntando al fondo de la parcela.

Lo que más me llama la atención de esto, es que a pesar de tenerlos cerca, al lado de uno, en clases, en carretes, en momentos donde nos reímos, jumamos y tiramos la talla, no tenemos la más mínima y puta idea de lo que pasa por sus cabezas.

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