El planeta tierra en su centro tiene un núcleo de hierro, una pelota de metal que es del porte de mi puño. Cada minuto este centro palpita seis veces. Podríamos decir que es el corazón de la tierra.
El corazón del humano late 76 veces por minuto en su fase adulta. Su frecuencia aumenta el doble y casi el triple a un ritmo deportivo o de actividad. Si en promedio son 70 latidos por minuto, 42.000 por hora, 100.800 por día y 36.792.000 latidos por año, en 100 años mi corazón entregará 5 mil millones de latidos sin detenerse.
Cada sonido, movimiento, lo que sea produce una vibración que va acompañada por ondas. Cuando una persona anda triste, angustiada o con miedo, las vibraciones de ese corazón serán menos, más lentas y con ondas más largas. Ciclos que suben y bajan y se demoran en acabar. Si una persona anda feliz y alegre, las vibraciones de su corazón serán más, más rápidas y sus ondas serán más pequeñas y cortas.
Cuando hay dos personas, una junto a la otra, las vibraciones del corazón viajan fuera de nuestro cuerpo chocando con todo lo exterior, o sea, con la otra persona. El cuerpo que recibe, siente, y qué es mejor: una persona que poco estimule, o, una que deje sentir su estímulo por naturaleza.
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